LA REVOLUCIÓN DEL AHORRO

En los últimos años ha nacido la nueva revolución del ahorro, que está acabando con viejas ideas en el comportamiento financiero de los sectores de menores ingresos.

Esta nueva revolución destruye viejas y muy establecidas concepciones, una de las cuales supone que los pobres no tienen capacidad de ahorrar. Este es un supuesto inexacto e incierto y lo ha sido desde mucho antes de que los especialistas en la materia se hayan dedicado a hablar de micro ahorro.

Desde el lado académico varias investigaciones han demostrado que la mayoría de las personas en situación de pobreza normalmente ahorran. Un ejemplo de esto son los trabajos hechos por los profesores Morduch y Ruthenford, donde demuestran que aun poblaciones de extrema pobreza ahorran cerca de un tercio de sus ingresos familiares.

Lo que la mayoría de los defensores del microcrédito han querido ignorar es que en las prácticas financieras comúnmente utilizada por los pobres, el ahorro es un elemento central e imprescindible. Aunque sean cantidades ínfimas de dinero, el ahorro es una estrategia de supervivencia absolutamente necesaria para poder asegurar la subsistencia económica. Las familias de menores ingresos económicos ahorran por absoluta necesidad, pues si no logran hacerlo, los riesgos de no poder subsistir son muy altos.

Esta nueva revelación financiera la hemos aplicado desde hace muchos años y por ello nuestro modelo de Bankomunales ha sido dirigido, desde sus inicios, a la captación del ahorro de los miembros de la comunidad.

Los Bankomunales se sustentan precisamente en la captación de los dineros provenientes de las mismas comunidades, solo que en vez de denominarlos simplemente "ahorros", les hemos dado la forma de "inversión" con la finalidad de lograr efectos educativos mucho más poderosos que los que se logran utilizando la palabra ahorro.

Pero esencialmente lo que caracteriza a los Bankomunales y su gran aporte al desarrollo de nuevos modelos financieros para los más necesitados es especialmente que busca "captar" los fondos de las personas en forma de acciones o inversión y tratar de que estos fondos sirvan, al mismo tiempo, para financiar las necesidades de crédito de los propios miembros de la comunidad.

Cuando esta "inversión" se hace dentro de un modelo de alta seguridad, como en el caso de los Bankomunales, esa inversión no es más que un ahorro "disfrazado", con el fin de producir efectos educativos de gran valor entre la población que usa el modelo.

En tal sentido me gustaría decir que en promedio nuestro modelo ha sido aplicado en más de 300 grupos, en 17 países de cuatro continentes y su índice de incobrable es menor a 0,5%, muy inferior al de cualquier institución microfinanciera regulada.

Mucho antes de que esta revolución del ahorro hubiese comenzado, los Bankomunales habían mostrado que el acceso a instrumentos de ahorro es mucho más importante para las familias pobres, que el acceso al crédito. Ambas cosas son de máxima utilidad, pero existe mayor necesidad de acceder a servicios de ahorro, que a servicios de crédito.

A la hora de diseñar un adecuado modelo de ahorro para los pobres, la clave está en establecer lo que en otros artículos he llamado la "distancia adecuada".

La clase media ahorra y logra sostener estos fondos "guardados" por períodos de tiempo mucho más largos, mientras que los pobres buscan disponibilidad, pues entre más pobre se es, mayor es el número de transacciones financieras que se deben hacer y más sencillo debe ser acceder a los recursos.

Si una persona, especialmente las mujeres, debe pasar por complejos procesos para poder retirar o depositar, seguramente utilizarán mecanismos distintos, ya que no se pueden dar el lujo de trabajar largas horas, atender hijos, maridos y, además, pasar horas tratando de guardar o sacar dinero. De allí que sus mecanismos normales no son los bancos formales, sino los mecanismos informales como el san, los susu, el dinero escondido y los resguardos a través de las madres o amigas.

Soy de la opinión que aun con todos los avances y ventajas tecnológicas, pasarán muchos, quizás demasiados años, antes de que la banca formal pueda dar una respuesta verdaderamente masiva a este problema. Para nosotros una respuesta complementaria, eficiente, económica y segura es la transformación de los mecanismos informales, de tal manera que puedan ofrecer mejores condiciones de accesibilidad, rentabilidad y seguridad. Nuestro modelo de Bankomunales es una respuesta en este sentido y en esta dirección.

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